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Subas de los precios de la hacienda, pese a la debilidad de la demanda.

11 Jun 2018

 

 

 

 

 

 

El consultor Ignacio Iriarte explica qué pasa en el mercado del gordo y también a qué punto estamos del ciclo ganadero.

 

Oferta muy alta para las necesidades actuales de la demanda, con precios para el ganado que en el último año han subido la mitad de lo que lo hizo la inflación. Un consumo al que le cuesta absorber los 58 kg per cápita que se le ofrece, y que sólo reacciona cuando por razones climáticas la oferta se reduce. Le va muy bien a la exportación, pero paradójicamente lo que sube es la hacienda definida de consumo, cuya oferta se vio afectada en las últimas semanas por el clima, tanto en el caso de los feedlots, como en el caso del pastoril suplementado. La exportación tiene una importante reserva de poder de compra, pero es evidente que todavía el volumen disponible de novillos pesados, vacas gordas, conserva y manufactura, agregado al consumo que hacen todas las empresas llamadas “exportadoras” alcanza y sobra para cubrir la capacidad instalada de las plantas. No es necesario presionar sobre el mercado de hacienda en pie. Se trabajan más horas semanales, o se hace fasón en otras plantas, pero después de diez años de cierres de grandes plantas frigoríficas -la mayoría con habilitación para exportar-, el actual volumen de hacienda ofertada es más que suficiente para la capacidad instalada que sobrevivió a la “década ganada”.

 

De la misma manera que en el otoño del 2016 y el de 2017, este año nuevamente las lluvias traban la comercialización de hacienda y determinan subas en el precio de la carne. Paradójicamente, estas subas se dan en las categorías de consumo definido (ternero, novillito, vaquillona), cuya demanda en las últimas semanas sufre los efectos de la suba de tarifas, de la devaluación y de la aceleración de la inflación. Los consumidores con ingresos fijos experimentan en estos primeros meses del año una importante caída en el poder adquisitivo, que se refleja en la demanda por bienes de consumo masivo. A favor de la demanda, está su atraso en términos reales -en relación a la inflación y a los salarios-, como así también el hecho que la oferta de carne de pollo se ubica 4 kilos per cápita por debajo del año pasado.

 

Ciclo

¿En qué punto del ciclo ganadero estamos hoy? A fines del 2015, con las expectativas favorables que despertaba el nuevo gobierno, agregado a la quita de retenciones, a la devaluación, y a la liberación total de las exportaciones, se inició una fase de retención del ciclo, que determinó a principios del 2016 una caída moderada de la oferta y una suba del precio del ganado, que se dio más acentuadamente en el precio de la invernada que en el del gordo.

 

La restricción de oferta de ganado para faena del 2016, unas 500 mil cabezas menor que el año anterior, permitió que los precios de la hacienda se mantuvieran ese año relativamente firmes, pero ya para el año 2017 la retención empezó a mostrar signos de debilidad.

 

La participación de las hembras en la faena creció a lo largo del año pasado hasta rozar en los últimos meses del 2017 el 45%. La retención, tomando en cuenta tanto la tasa de extracción como el porcentaje de hembras, se había detenido.

 

A principios de 2018 se agregó un componente: la intensa seca (diciembre-marzo), que gatilló una aceleración de la faena, especialmente de vacas. Si se toma la extracción de los cuatro primeros meses del año en curso -cuya tendencia puede extenderse varios meses más-, la faena equivalente anual sería del orden de las 13,2 millones de cabezas, ubicándose por encima de los niveles de equilibrio. Lo mismo puede decirse de la participación de las hembras, que fue en abril del 46,2%, por encima del 45% que marcaría el límite entre liquidación y retención. Esta “fotografía” del momento del ciclo ganadero puede revertirse si en la primavera próxima el clima acompaña y la actual tendencia a la liquidación se revierte. La situación que se presenta desde hace unos meses -a causa de la seca-, tiene los síntomas de una liquidación muy moderada; es posible que a partir del último trimestre de este año esa situación se revierta y pasemos a una fase de equilibrio entre faena, nacimientos y mortandad. El stock no seguirá cayendo, pero tampoco crecerá significativamente.

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