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Análisis del mercado ganadero

 

El analista Ignacio Iriarte explica qué se puede esperar de los precios en los primeros meses del año en función de la oferta y de lo que sucedió en los últimos años. También analiza los indicadores sectoriales y el impacto de la exportación en el comercio ganadero.

 

Habrá que esperar a la segunda quincena del mes para conocer el verdadero fondo del mercado. En los últimos tres años, siempre el promedio del novillo en enero fue inferior al registro del diciembre previo, pero en los últimos siete meses de febrero, el precio siempre fue mejor al enero previo; en promedio, un 9,5% superior. La suba de marzo no es tan nítida: sube en marzo en relación a febrero, solo en cuatro de los últimos siete años, ubicándose el incremento -en términos nominales- sólo en el 2%.

 

Actualmente hay menos oferta del feedlot, pero hay más hacienda en recría que otros años, que podría salir más adelante.

 

La faena de ganado vacuno en el año 2018 habría totalizado los 13,6 millones de cabezas, un 6,3% más que el año anterior y un 14,5% más que en el 2016. En el año que acaba de terminar, la tasa de extracción fue del 25% - la relación entre faena y stock-, o sea que se habría ubicado en los niveles considerados de equilibrio.

 

En cuanto al perfil de la faena, se destaca el aumento en la faena de novillos (+6,2%) y de novillitos (+6,3%), mientras cae un 15% la matanza de terneros. La faena de vacas aumentó un 20% con respecto al año anterior, y la de vaquillonas se incrementó un 20%. La matanza de terneras retrocedería un 8%. Se nota en el último bimestre del año cierta desaceleración de la faena, y un aumento de la matanza de vacas y vaquillonas en particular. Tanto la tasa de extracción total, como la de la categoría vacas, están en un punto entre el equilibrio y una ligera liquidación, pero debe observarse, anticipando el stock a marzo próximo, que la mortandad de ganado adulto habría sido este año claramente inferior a la de los años ganaderos anteriores. No hay duda de que no estamos en una fase de retención; la duda es si estamos entrando en una fase de liquidación, que por ahora no está complicada con un clima adverso. Hay bajos precios reales para la cría e incertidumbre institucional, pero el clima al menos no está jugando en contra.

 

En cuanto al peso medio por animal faenado, que en algún momento del año 2018 llegó a los 232 kg, en los últimos meses ha retrocedido y se ubica en 227 kg, sólo un kilo por encima del registro de fines del año pasado. El peso medio ponderado de los machos (novillos, novillitos, toros + terneros) ha subido casi cinco kilos este año, pero el efecto negativo de una alta faena de vacas y vaquillonas -que aportan menos kilos que los machos- ha neutralizado gran parte de esa ganancia.

 

La producción de carne vacuna, por su parte, habría sido en el año 2018 del orden de las 3,06 millones de toneladas, 219 mil toneladas  más (+7,6%) que el año 2017 y 416 mil toneladas (+16%) que en el 2016. Este importante volumen adicional ha sido volcado casi íntegramente a la exportación, que en dos años ha pasado de las 230 mil toneladas a las 550 mil toneladas, representando en el año que acaba de terminar el 17,9% de la demanda total de carne vacuna. Las exportaciones de noviembre último (56 mil toneladas) se ubican un 90% por encima del registro de igual mes del año pasado. Si se proyectan los embarques de los últimos cuatro meses, da una tendencia a la exportación de unas 650 mil toneladas anuales, la que representaría el 21% de la demanda total.

 

Para el año 2019 las exportaciones tenderían a aumentar, aunque más moderadamente que el año que acaba de terminar, donde los embarques en los últimos meses tienden a duplicar los registros de doce meses atrás. Si el tipo de cambio no se rezaga, las exportaciones aumentarán: de la vaca manufactura o conserva a China o Rusia, se pasará a mayores ventas de cortes de novillo (rueda, delantero), o de vaca gorda, o de vaquillona pesada.

 

Por primera vez en trece años, muchos cortes de la rueda y del delantero son mejor pagados por los mercados externos que por el mercado doméstico, que está muy pesado. Esta tendencia a incrementar las ventas al exterior, por fuera de Rusia y China, y por fuera de la vaca manufactura o conserva, se acelerará en la medida en que el tipo de cambio avance en términos reales. La demanda exportadora, que hasta hace poco era sólo el 7% del total, y que a fines del 2018 ya se ubicaba en el 21%, probablemente tenderá a representar -si el tipo de cambio real no se atrasa- el 23-25% del total, unas 700 a 800 mil toneladas embarcadas anualmente.

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