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Es inevitable y necesario un reacomodamiento de precios en la cadena de ganados y carnes

 

 

El faltante de oferta que se espera para el verano hará que los precios suban. Esa recomposición es necesaria para que el negocio sea viable y no tiene que ser vista como un problema. Las políticas del nuevo gobierno tienen que estar orientadas a potenciar al sector y evitar intervención que ya dieron resultados negativos en el pasado.

 

El precio de la carne bovina fue el más competitivo en el mercado doméstico en la última década y eso sólo fue posible por varios factores: creció la producción de carnes porcinas y aviar lo que se combinó con una crisis económica  que se tradujo en menor consumo per cápita pese a que la oferta de las categorías de hacienda liviana (novillitos y vaquillonas) destinada al consumo interno fue alta.

 

La combinación de esos factores generó fuerte pérdidas en los feedlots que actualmente reponen menos de lo que venden y cuyo resultado por animal terminado es negativo en $1.500/2.500, eso significa que ese eslabón es el que está soportando el mayor peso del atraso en la recomposición de las cotizaciones.

 

El resto de la cadena industrial y comercial, mayorista y minorista, también están haciendo sus aportes y por esos motivos, tanto en el repunte de precios de la hacienda en las elecciones PASO y luego Generales no se trasladaron en toda su magnitud a los precios de la carne al mostrador.

 

Como bien refleja la encuesta de precios que encarga IPCVA en 200 puntos de venta de AMBA, el precio de kilogramo de la media res de la segunda semana de Octubre de 2019 era el mismo precio que en Marzo, luego de la recomposición de precios.

 

Es decir que durante 6 meses de constante inflación (marzo/octubre) el precio de la carne estuvo estancado a nivel mayorista y con pequeños aumentos e inferiores a la inflación en el nivel minorista, se estima que en la medición interanual tendría un atraso de 15% respecto de la suba de promedio de la economía.

 

También debemos recordar al lector que el cuero ha perdido valor lo que impacta en el recupero. Algunas plantas lo están salando incurriendo en mayores costos, hay casos en el norte del país donde los están enterrando, pero en definitiva no aporta valor y el costo de faena es mayor que el ingreso por la venta de subproductos.

 

El sector engordador (feedloteros) necesita revertir la situación de quebrantos y lograr un nivel de equilibrio, por otra parte, mientras que el sector industrial y comercial también se ve afectado por la suba de costos por lo que el negocio sólo será viable con un aumento de los precios en la carne al consumidor.

 

El incremento de las cotizaciones de la hacienda y de la carne es inevitable y necesario, sólo resta saber en qué momento ocurrirá. Es necesario aclarar que ninguna intervención estatal sería capaz de impedirlo pero sí podría matar las expectativas del negocio ganadero iniciando una verdadera liquidación de stock que al cabo de un tiempo producirán efectos más gravosos y que llevarían mucho más tiempo corregir (esto ya ocurrió con la liquidación del 2009 y 10 años después todavía no se recuperó totalmente el stock perdido, ojo y a tener en cuenta!).

 

La situación antes descrita fue paliada en parte por el crecimiento de las exportaciones traccionadas por China, como efecto de la enfermedad peste porcina africana en su rodeo porcino. El gigante asiático deberá importar carnes sin llegar a cubrir el déficit ocasionado por la enfermedad y la llevará a mejorar los precios para asegurarse el producto. Por este motivo en editoriales anteriores hablamos de las dos caras del negocio.

 

También decimos que la exportación fue un paliativo porque ante la situación económica imperante en nuestro país, la exportación a China permitió que la vaca tuviera un muy buen precio que en otras circunstancias hubiera significado deterioro del stock, muchos productores con la venta de una vaca retuvieron dos terneras, si la vaca no hubiera tenido ese precio el productor habría vendido las dos terneras a faena y la vaca se hubiera muerto en el campo como ocurría en 2007/2008.

 

Pero ahora la presión de la olla está llegando a su máximo y ante la disminución de oferta de hacienda terminada para consumo y la demanda sostenida para la exportación las reglas de oferta y demanda harán su trabajo, ante una oferta limitada y una demanda en crecimiento habrá tensiones de precios hacia la suba.

 

Esto que podría verse como un problema debería interpretarse como la solución en el largo plazo. Mejores precios en la ganadería harían interesar a que los inversores ingresen en el negocio ganadero  lo que mejoraría la oferta a futuro abasteciendo al mercado interno y la exportación.

 

Intentar restringir las exportaciones, con cupos, gravámenes o cualquier otro tipo de intervención significaría impedir la recomposición de precios y por ende quitar el atractivo de invertir en el negocio y así dejaríamos de aprovechar la oportunidad que brinda el mercado internacional.

 

En Argentina se consumen más de 110 kilos de carne por habitante y por año entre las tres carnes principales (bovina, porcina y aviar), estamos en el top five de países con mayor consumo de carnes, pero como tenemos un porcentaje importante de la población con problemas económicos y sociales, tenemos la obligación de ocuparnos de ellos.

 

Nuestro desafío debe estar enfocado en llegar a las personas que verdaderamente lo necesitan sin afectar el desarrollo de un actividad que podría generar mayores recursos, riqueza y empleo genuino para quienes hoy debemos ayudar.

 

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