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“La Esperanza”, el motor de una familia que de la nada montó una gran empresa

La familia Reula tenía casi nada. Desde allí abajo arrancaron en el negocio de la carne vacuna primero con una carnicería que luego transformaron en un frigorífico al que le sumaron producción ganadera y hoy dan trabajo a cerca de 70 personas.

Crédito: Familia Reula


La familia Reula tiene un origen muy humilde. Son de un paraje llamado Don Cristóbal ubicado a 24 kilómetros de la localidad de General Ramírez que a su vez están en el departamento de Diamante en Entre Ríos.


Los padres de Daniel Reula (quien hoy conduce el frigorífico junto a su hijo Emilio y otros integrantes de la familia) arrancaron con una carnicería en el año 50. Todo se hizo con mucho esfuerzo y sorteando diferentes obstáculos porque no había casi ni para comer y había que criar a 6 hijos. De hecho, las primeras vacas las aportó el abuelo de Daniel y con eso comenzó la venta.


“Vengo de un origen demasiado humilde, no me quejo, siento orgulloso de eso y de lo que logramos. Mis padres eran muy pobres y se gastaron el poco dinero que tenían en curar a uno de mis hermanos, así que mi abuelo le regalo 3 vacas para que pueda arrancar con la carnicería”, cuenta Daniel.


La carnicería se llamó La Esperanza por ocurrencia de uno de los hermanos que intuyó un futuro promisorio. El comercio funcionó y creció durante más de 40 años. Con ese mismo nombre bautizaron luego al frigorífico que comenzó sus actividades en 1990. Sin dudas La Esperanza es el lema y faro de una familia que nunca bajó los brazos, que arrancaron desde cero y sortearon cada una de las tantas crisis que vivió la economía argentina. Con inteligencia, esfuerzo y tiempo los Reula consolidaron una empresa ganadera y una industria frigorífica que da trabajo en Ramírez a cerca de 70 personas.


Hoy hacen cría vacuna, recrían los terneros en campo propio y tienen un feedlot de 2 mil cabezas con el que abastecen parte de la faena del frigorífico consumero que tiene capacidad para procesar entre 8.000 animales al mes entre vacunos y porcinos. Sí, porque además de todo lo que lograron también apostaron a la diversificación productiva y hoy puede producir las dos carnes y darles viabilidad comercial también a los pequeños productores de porcinos de la zona.


Daniel Reula es un tipo muy amable y cálido que da su visión de lo que está pasando en el negocio de la carne vacuna y en su empresa.


“La situación es compleja, nos cuesta mucho, veníamos con faena pareja de vacunos y este último tiempo se nos achicó un poco porque la hacienda vale, y quizás debería valer más, pero el poder adquisitivo está flojo. Para el que recibe (el ganadero) es poco y para el que paga es mucho”.


Además se quejó de la carga impositiva que limita la generación de puestos de trabajo: “Cuando pagás un sueldo lo hacés con alegría, pero los impuestos correspondientes con tristeza porque de cada 2 empleados pagamos 3,2 y eso me duele porque equivale a tener una persona más trabajando en la planta, si así fuera así pagaríamos los impuestos con más alegría, esa situación duele mucho”.


Finalmente se refirió a lo que está pasando con la intervención del gobierno en el negocio de la exportación de carne vacuna: “me parece un atropello y una locura. No podemos cortar el ingreso de divisas del país, necesitamos generarlas para comprar vacunas entre otras cosas. A nosotros como empresa nos perjudica, nos conviene tener una exportación floreciente aunque por eso nos termine costando comprar la hacienda. Ellos se deberían dedicarse a exportar y nosotros a vender en el mercado interno”.